Esta anciana entrañable de nombre Margot aparece en escena con un sugerente vestido de color rojo. Lo que pasa es que le dura muy poco puesto, ya que su amiguito se lo quita enseguida y hace lo propio con la lencería. A él no le importa el tiempo que se haya podido pasar la mujer delante del espejo probándose modelitos, los hombres lo que quieren es ir al lío, y normalmente la ropa suele ser un impedimento. La tía se la chupa con un hambre voraz y él le devuelve el favor con unas buenas embestidas y le regala un buen lefazo en toda la boca.

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