Asombrados estamos con la capacidad que tiene esta vieja para el sexo a pesar de los kilitos de más que lleva encima. Indudablemente, es el ejemplo perfecto para demostrar que no hace falta un físico perfecto para disfrutar del sexo. Puede que se le haya pasado el arroz, que no esté en su momento de forma óptimo, pero la lujuria nadie se la quita, y cuando parecía que era inofensiva, se entrega a las brazos del placer.

La experiencia es un grado y en este caso es una de las pocas cosas que puede ofrecer como atractivo, además de su habilidad con la boca y las manos. Pero cuando ya no tienes el cuerpo para grandes florituras, lo mejor es quedarte en manos de un joven con ganas de petarse un coñito añejo. Al final echan un buen polvo y él se corre encima de su tripita.

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