A esta vieja cachonda le gustan las pollas negras porque sabe que el tamaño sí que importa. No quiere ni oír hablar de las tonterías que se suelen decir por ahí, y es que veinte centímetros y un buen grosor pueden ser suficientes para gozar al máximo, independientemente de que el hombre en cuestión tenga habilidad o no. Su experiencia le dice cómo debe actuar en todo momento y nos regala un buen polvo.

Ella está encantada con la visita de este tremendísimo mulato, que se pone a su disposición para hacer lo que quiera. Con esas tetas y esa boca tan juguetona, la mamada es realmente seductora y consigue ponerle la polla dura como una piedra para que las embestidas posteriores sean realmente efectivas y placenteras.

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